El símbolo de ESMORGA nace de un pequeño motivo que atraviesa el Mediterráneo.
El tomatillo, una roseta de filigrana protagonista de muchas piezas de tradición joyera mediterránea.
Esta es la historia de esa forma y de cómo se convirtió en la semilla de la marca.
El tomatillo, La Semilla de Esmorga.
El tomatillo o roseta de filigrana aparece en los tradicionales anillos de borronat ibicencos, vinculados a la tradición nupcial de la isla entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX y asociados al universo de la emprendada.
Aunque profundamente ligado a la joyería ibicenca, el tomatillo no es exclusivo de esta tradición; es una forma estructural y decorativa presente en numerosas culturas del Mediterráneo.
Sus precedentes pueden rastrearse en la antigüedad oriental, desde Mesopotamia hasta el mundo helenístico y la joyería etrusca, donde aparecen formas radiales y florales que anticipan esta estructura.
Con el desarrollo de la filigrana durante la Edad Media, especialmente bajo influencia del mundo islámico, estas técnicas se expanden por el Mediterráneo. Desde Al-Ándalus pasan a la Península Ibérica, al sur de Francia y a Italia, y entre los siglos XVI y XIX el tomatillo se convierte en un motivo frecuente en la joyería popular europea.
La forma del tomatillo recuerda a un pequeño fruto que se expande desde un centro, por lo que tradicionalmente se ha asociado a ideas de fertilidad, vida, protección, abundancia y continuidad generacional.
Cuando comenzamos a estudiar este motivo descubrimos en él algo que sintetizaba perfectamente el espíritu de la marca: un puente entre tradición y contemporaneidad. Por eso decidimos convertirlo en nuestro símbolo. Lo llamamos La Semilla. Desde entonces, todas nuestras joyas esconden en algún lugar una pequeña semilla de oro.
Una pequeña forma que se convirtió en la semilla de la que germinó ESMORGA.